Aprender a estar sola
Nunca pensé que, al final, la soledad podría convertirse en la mejor compañía. Que ese silencio, que tanto miedo me daba, sería capaz de regalarme la paz que tanto necesitaba. Aun así, hay días en los que la nostalgia aparece sin avisar. Me encuentro recordando a ciertas personas, ciertos momentos, como si mi mente quisiera volver a ellos una y otra vez. Supongo que también es una forma de protegernos: filtra, suaviza y, a veces, esconde aquello que en su momento nos hizo demasiado daño. Pero sanar no es un camino recto. Cada proceso es distinto, y el mío sigue en construcción. Hay días en los que siento que estoy en la cima de una montaña: respiro hondo, me siento fuerte, tranquila, convencida de que ya lo he superado. Y, sin embargo, otras veces vuelvo a descender. Regreso a ese lugar conocido del que tantas veces he intentado escapar. Avanzar sigue costando. Aunque sé que, poco a poco, mi vida se está recolocando, adaptándose, ofreciéndome espacios de calma, no siempre es fácil verl...