El Grito del Silencio

 

A veces el silencio grita demasiado fuerte y yo lo oigo. Lo oigo desde muy lejos, lo oigo en mi interior como grita lo que yo a veces tengo miedo de decir.

Me quedo callada y dejo que hable. Que me diga las cosas que yo pienso y las que nunca he pensado también. Dejo que mi mente me lleve por lugares que nunca he querido conocer. Debo conocerlos, debo dejarme llevar y ver qué ocurre. Nunca me hubiera gustado explorarlos, pero aquí están y hay que transitar por ellos.

A veces me sorprendo a mí misma pensando cosas que no debería y enseguida intento bloquearlo y que desaparezca, pero sigue aquí, sigue llenando mis noches que a veces se convierten en amargas.

Todavía tengo noches en las que busco razones para esta despedida, busco alguna lógica sobre lo que ha pasado, pero no la hay ni la va a haber.

Sé que este proceso es largo y que solo depende de mí cómo afrontarlo. Dejar que esto se quede anclado dentro de mí o dejar que salga y se vaya.

Quiero mirar por la rendija y ver qué pasa, ver si está bien, si me echa de menos, si sigue con su vida como si yo no hubiera existido en ella. Sé que eso sería destruir todo lo que llevo ganado, es un trabajo duro y a veces la ansiedad me puede y me mata. Mata lentamente toda la tranquilidad que estoy ganando. No quiero que la ansiedad sea la que rija mi vida, la que domine todo porque si no dejaría de vivir.

Muchas veces me sorprendo a mí misma intentando convencerme de que lo mejor es no saber nada de él, que las cosas es mejor que se queden como están. Que yo tengo que pasar página y vivir. Cuidarme como lo estoy haciendo ahora, saliendo con mi bici, haciendo mi terapia, mi crossfit y relacionándome con gente que me da tanta vida.

Creo que el amor llegará y cuando llegue estaremos preparados para darle la bienvenida. Mientras tanto, disfrutaré de todo lo bueno de mi vida.

 

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