Despedida con amor propio

 

A veces, despedirse significa cerrar una etapa para poder avanzar, aunque duela el alma. Esta carta nace desde lo más profundo de mi corazón, cargada de emociones, silencios y aprendizajes. No es fácil poner en palabras el adiós a una historia que, pese a su brevedad, dejó huellas imborrables y momentos de luz en mi vida.

Hoy, escribo para liberar todo lo que no pude decir en voz alta: mis miedos, mi dolor, pero también mi gratitud por los instantes compartidos. Reconozco en mí la fuerza de quien ha amado de verdad y la valentía de quien elige soltar, aun cuando quisiera quedarse. Hablo desde la honestidad, porque merezco ser fiel a lo que siento y a lo que soy; porque este duelo también es un acto de amor propio.

Me abrazo en mis recuerdos y me permito llorar lo que se fue, pero también celebro lo que queda de mí: una persona entera, capaz de recomponerse, de aprender y de volver a sonreír. Esta despedida es, ante todo, un compromiso conmigo misma: seguir mi camino, confiar en las señales de la vida y abrirme sin miedo a todo lo bueno que está por venir.

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